Aracné era una mujer mitológica griega que en su afán orgulloso desafió a Palas Atenea para ver quien hacia los tejidos mas hermosos, en plena competencia ella bordó las aventuras amorosas de Zeus y eso la diosa Atenea no lo pudo perdonar: como forma de castigo ejemplar la metamorfoseó en una araña obligándola a tejer su tela sin reconocimiento alguno por parte de ningún hombre. Y desde esta época los padres advierten a sus hijos que el orgullo pierde así como también la soberbia y en menor medida la pedantería.
Desde que tenía tres o cuatro años mi madre dedicó mucho tiempo a mi educación, cosa que agradezco mucho, amén de la que recibía en el jardín de infantes o kindergarten y gracias a esto ya podía leer desde muy temprana edad; ella me decía que yo era muy inteligente y lo peor es que me lo creía. Esa supuesta inteligencia traía consigo pseudo orgullo, arrogancia y también pedantería propias de un niño que ignora la máxima socrática de humildad “Solo sé que no sé nada”.
— ¡Míralo al boludo este!
Es lo que decían mis compañeritos de la salita de peritas en el jardincito e incluso los maestros cuando me oían hablar y pedantear con términos prestados de la televisión como Austral, hiperinflación, cabaretera, etc... .Palabras, que lamentablemente estaban a la orden del dia en ese lapso de tiempo que correspondía a la Argentina de Alfonsin y al paleomenemismo.
— ¿Pero vos sabés lo que estás diciendo nene?
— Este… sí -Los australes son fruta podrida de la hiperinflación cabaretera que ha sufrido el país- afirmaba yo luego de haber reproducido íntegramente las palabras de un monólogo del Tato Bores.
Mi señorita de jardín de infantes estaba ante un drama de grave dualidad, no sabia si yo era un niño prodigio o un deslenguado infante. Ahí se queda la cosa — pensaba ella — sin darle demasiada importancia al asunto, sin embargo tuve que ir obligado al psicopedagogo cuando tomé por costumbre rematar todos mis garabatos con negro sobre lo dibujado.
Al rato de haber ido al especialista escuché, a propósito, la conversación entre mis padres y la maestra sobre la sentencia del susodicho; que ellos mantenían sin el menor reparo de que yo les oiga.
— El chico quiere llamar la atención y no sabe como, se aburre en clase y empieza a increpar a la maestra sobre el porqué de las actividades monótonas de usar la tijerita y la Plasticola además de dibujar esos horribles mamarrachos acabados en negro. Porque según alega “La seño cree que somos bobitos”.
Cuando se referían a llamar la atención pensaba que decían que yo llamaba a una compañerita inexistente cuyo nombre era Atención Sánchez y que nunca la encontraba por eso no sabía como llamarla. Mucho mas tarde me di cuenta que había muchísima gente que también quería llamar la atención y por consiguiente que no todos debían buscar a la misma compañerita, esto fue una gran desilusión para mí porque pasé a considerarme de soñador a imbécil.
Con respecto a las palabras monótona y alega no tenia ni la más remota idea de sus significados así que presupuse erróneamente por el contexto que monótonas era andar en dos motos a la vez, pero me preguntaba como corchos íbamos a andar en motos con la tijera y la plasticola en la mano o dibujando y además siendo tan chiquitos no sabíamos algunos andar ni en bici. Alega me sonaba mas a nombre de tortuga ninja así que hasta que cumplí trece años pensaba que alega era algo así como el quinto beatle de las tortugas ninja.
Mis papis, que así les llamaba por entonces, hablaron conmigo sobre el tema de mi supuesto trastorno de conducta y me tuvieron como un cuarto de hora del tiempo del cual recuerdo estas palabras:
—Mijo sos inteligente pero portate bien
—Hacele caso a la señorita y no contestés tonterías
Luego del transcurso de unos meses relativamente tranquilos con alguno que otro altercado que no viene al caso mis padres, el psicopedagogo y mi maestra llegaron a la conclusión conjunta que para mantener al crío, es decir yo en mi infancia, sosegado había que darle más actividades que al resto de los niños. Esto creo que influyó negativamente en mí cansándome hasta tal punto que en el dia de hoy soy muy vago en todos los sentidos, esta argumentación es válida ya que viene bien para justificar lo a veces injustificable.
Al llegar a la educación primaria me pasó tres cuartos de lo mismo, además yo era el nene con el vocabulario más extenso pero a su vez el menos aceptado y pisoteado de forma no literal en la escuela Belgrano. Intenté encajar de muchas maneras, traté de meterme en una escuela de fútbol inclusive, pero todos mis esfuerzos eran vanos. Seguía siendo el mismo niño pedante, pseudo orgulloso y soberbio de siempre para todos los demás.
A los diez años el amor llamó a mis puertas, bueno mas bien golpeó mis narices, resulta que me empezó a gustar una chiquita de clase que es hija de una bioquímica de mi ciudad y no sabia que hacer para conquistarla. Por esos años yo pensaba mas en que gusto tenia la sal mas que en el noviazgo en sí así que me fue difícil acceder a su corazón, mas bien imposible, recuerdo vagamente que le di una flor que corté del patio y ella la cambió por dos suaves cachetaditas que sabían a beso; y semanas mas tarde cuando dije que le quería dar un piquito ella me dio otras dos cachetadas que, caprichosamente, ya no me sabia a beso sino mas bien a un doble dolor tanto amoroso como físico.
Desde esa fatídico dia no volví a fijarme mucho en una chica hasta entrados ya los doce años para trece, edad en la que me llevé oto chasco amoroso cuando la chica mas alta de la clase me dio calabazas. En fin que por el momento para un chico que hablaba hasta por los codos y era tenido en cuenta por los demás como un raro espécimen de boludo manifiesto el amor no era un asunto por el cual podía sentirme un agraciado pero si un desgraciado.
Volviendo al tema de la pedantería, el orgullo, la soberbia y otros defectos derivados de estos; resulta que al cambiarme de escuela a los trece años a un liceo católico de enseñanza secundaria. Justo cuando supuestamente había superado mis defectos conocí a un tal Miguelito que era incluso más pedante y soberbio que yo; el pibe en cuestión usaba una retórica demasiado pintoresca, gesticulaba exageradamente y hacia unos ademanes que nos producían risa.
Yo ofendido porque había otro que tenía todas las de ganar a la hora de ser el mas honorable dialéctico de entre los estudiantes, decidí volver a mis viejos vicios palabreriles y, como Aracne, competí con el en varias conversaciones en público para ver quién era el mejor que se expresaba y hacia virguerías con la verba.El resultado no fue otro que las risas de los presentes por las conversaciones que manteníamos y el empate técnico que nos fue otorgado a ambos por el arbitro de las contiendas, la profesora de lengua.
Yo sabía que grosso modo había cumplido con mi deber, el de defender mi honor y orgullo ante un adversario bastante adversativo a mis palabras en lo referente a lo gramático y bastante pesadito. Al empatar en nuestra particular contienda sentía que había traicionado a mis grandes defectos pero eso me hizo madurar y comprender que pese a todo los padres tienen razón cuando aconsejan sobre estos asuntos tal y como hacían los antiguos griegos en sus mitos nos previenen de los peligros que aguardan a los incautos como nosotros desde que salimos del cascarón.
Ayer fue San José,dia del padre en España, e independientemente de la religión que uno profese es un dia para aprovechar más que nunca para agradecer a nuestros padres su apoyo incondicional año tras año o recordarlos con cariño si ya no nos acompañan en este mundo; yo también este dia agradezco el apoyo de mi madre que junto a mi padre hicieron de mí lo que ahora soy. Es verdad que tengo más defectos que virtudes pero las principales cualidades humanas y valores morales que me acompañan en esta vida han sido forjados en gran parte en mi carácter por el efecto inmediato de la educación que recibí de estos.
Nosotros al crecer hacemos nuestros propios tejidos que buscan rozar la perfección. Pero sin embargo están bastante mal elaborados y por ese motivo nuestros padres nos demuestran las perfecciones en la técnica que han ido logrando a lo largo de su existencia para que no nos equivoquemos en el camino de la vida; además nos advierten de los errores que han cometido hasta la fecha al tejer sus destinos y es en ese momento cuando queremos bordar igual que ellos sacando nuestras propias conclusiones derivadas de su experiencia conscientes que en cualquier momento podemos ser castigados por Atenea si somos engreídos a la hora de exponer nuestros bordados existenciales ante los dioses o hacemos caso omiso de estos, que en este caso se nos presentan como las virtudes y valores transmitidos a través de nuestros progenitores, la reprensión por parte de la diosa no será convertirnos en arañas sino más bien que nuestros semejantes nos pisoteen psicológicamente como a estos arácnidos de cuatro patas a la hora de establecer relaciones interpersonales.
La vida en resumidas cuentas es como la tela de Aracne: está diseñada para ser perfecta y disfrutada por cada uno de nosotros, pero si no somos consecuentes y benevolentes con nuestros actos en general corremos el serio riesgo de vivir como arañas, tejiendo lo que otros destruirán o ignorarán por el solo hecho de ser personas aprovechadoras y vividoras como las arañas.
martes 1 de septiembre de 2009
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